Rabietas en los niños

Rabietas en los niños

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Rabietas en los niños

 

Cuantas veces, hemos ido a comprar al supermercado con nuestros hijos, y por cualquier cosa, les ha entrado una gran rabieta, al oír un No, tirándose al suelo, gritando como poseídos, nosotros tragando saliva (mientras lanzamos un suspiro al aire) e intentamos calmarlo, por supuesto las personas que están cerca de ti, se limitan a observar el espectáculo, mientras tú te vas poniendo más y más nervioso/a. Os suena esta escena??. Pues aquí, os traemos unos pequeños consejos, para evitar y/o tratar las rabietas de nuestros niños.

 Mantenerse firme
Por supuesto resulta mucho más fácil decirlo que hacerlo, según los psicólogos, es la estrategia más infalible. Ayuda a dejarle claro que su rabieta no le llevará a conseguir lo que quiere.

Explicaciones cortas
Si se intenta explicar a un niño inmerso en un verdadero ataque de enfado por qué es injusta su reacción, lo más probable es que él siga tirado en el suelo llorando y pataleando sin cesar. Así que usar frases muy cortas.

No responder con enfado

Responder con una rabieta es una forma de fomentarlas.  Pasado unos minutos, su pataleta ya pasó, y tal vez ni siquiera se acuerde.

Poner unas pequeñas reglas

La mejor forma de luchar contra las rabietas es procurar que no aparezcan. Conviene anticiparse a posibles problemas. Por ejemplo: decirle que solo se va a comprar leche, pan y huevos, y nada más.

Elegir entre dos opciones
La mayoría de las veces su enfado vendrá ocasionado por querer algo que no puede tener.  En vez de preguntar: «¿qué quieres de postre?», Preguntarle «¿quieres un plátano o prefieres un yogur?», se le cierran las opciones posibles sin que él se dé cuenta. Y no tendremos que decirle «no».

Cambiar de escenario
A veces, ni ellos mismos saben cómo terminar con su propia pataleta. Es beneficioso cambiar de lugar: salir con ellos en brazos del espacio en el que se encuentran e ir a otro más abierto.

Así no se habla
Decirle que solo le escucharemos cuando hable en un tono normal, sin gritos ni llantos, porque de otra forma es imposible.

Intentar que escuche

Una vez que la rabieta ya ha comenzado, el pequeño parece fuera de sí. Para calmarlo y hacerle entender que no puede ser, solo hay una opción: intentar conseguir que salga de ese estado y hacer que nos escuche. Es importante arrodillarse frente a él, cogerlo por los hombros con firmeza y mirarlo hasta que él fije sus ojos en los del adulto. Entonces será el momento de hablarle con calma.

Dejar que se calme solo
Los niños también tienen derecho a desahogarse, por lo que a veces es incluso positivo que pasen por una rabieta. Cuando está inmerso en un ataque de furia, se le puede decir: «Pues sí que estás enfadado, avísame cuando se te pase», y acto seguido alejarse un poco de él. Será consciente de que nos preocupamos por lo que le pasa y de que no conseguirá nada poniéndose así.

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