Ondina

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Érase una vez una pequeña casa en un lugar llamado Alsacia. Allí nació una hermosa niña a la que pusieron el nombre de Ondina. A su nacimiento acudieron todas las hadas del contorno y cada una fue entregando a la recién nacida, un don. Su abuela, que también era un hada, le otorgó una vida muy larga.

Pasaron los años y un día, la joven Ondina se enamoró perdidamente de un joven muy guapo pero de cabeza hueca, que con sus dulces palabras la encandiló y consiguió que Ondina olvidará a sus padres, a sus amigos y dejara de hacer su trabajo. Como castigo la abuela condenó a Ondina a amar por siempre al joven.

Poco después, el joven la abandonó, sin embargo Ondina seguía locamente enamorada de él por el hechizo de su abuela y también porque ella era muy inocente. El joven buscó una treta para quitársela de encima y que no le molestara más…

… y le dijo que volvería a amarla si le traía un enorme cántaro lleno de agua del río Niddeck.

Ondina caminó durante días con el pesado cántaro… cuando llegó a orillas del río cayó exhausta en sus aguas y a punto estuvo de ahogarse.

Su abuela, el hada, viendo lo que estaba sufriendo Ondina, la transformó en una ninfa protectora de las aguas del río Niddeck.

Ondina aprendió la lección y nunca más volvió a enamorarse de hombres caprichosos y de cabeza hueca. Desde entonces vive feliz junto a otras ninfas y seres acuáticos, protegiendo las aguas del río para que siempre esté limpio y lleno de peces.

Y dicen los lugareños, que en las noches de luna llena se puede ver su reflejo en las aguas debajo de la cascada… una ninfa bellísima peinando sus cabellos con un rayo de luna.

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