Los pasteles y la muela

Los pasteles y la muela

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Los pasteles y la muela

Hace mucho tiempo, un campesino quiso conocer si su Rey era de carne y hueso, así que pidió todo su salario a su amo y partió inmediatamente rumbo a la corte.

Al llegar al palacio real, tuvo que esperar largas horas para ver a su Alteza, y cuando por fin le vio, quedó profundamente decepcionado. “El Rey es de carne y hueso, y pensar que he gastado todo mi dinero para recibir esta decepción tan grande”.

Tal fue el enfado del campesino, que comenzó a dolerle una muela. Pero como también tenía mucha hambre y apenas le restaba un peso en sus bolsillos, quedó sin saber qué hacer: “Si gasto este peso para comer, no podré sacarme la muela, y si me saco la muela no me quedará nada y moriré de hambre”.

Así anduvo largo rato caminando el campesino hasta que se topó sorpresivamente con una dulcería, de donde salía un olor exquisito a panes y pasteles. Embobecido por el aroma, el campesino no notó que dos bribones se acercaban de repente a su encuentro.

“¿A qué no eres capaz de comerte más de cien pasteles?” – exclamaron a coro los tramposos para burlarse del campesino.

“Les apuesto que sería capaz de comerme quinientos pasteles” – contestó con firmeza.

“¡Charlatán! Eso es imposible ¿Cuánto apostarás?”.

“Pues con gusto una de mis muelas”.

Los bellacos rompieron en risas y decidieron seguir el juego. Evidentemente, el campesino jamás llegaría a comerse quinientos pasteles. Por lo que, cuando se encontró saciado y satisfecho aceptó sacarse la muela, y los bribones le llevaron ante el barbero entre risas y burlas.

“Qué campesino tan tonto” – gritaban los pícaros a todas voces.

“Pues de tonto nada, que me han sacado el hambre y para colmo, me han librado de un terrible dolor de muelas”

De esta manera, los dos tramposos quedaron en ridículo frente a todos y echaron a correr muertos de vergüenza.

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