Los druidas

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Los druidas

En el mundo celta las funciones religiosas estaban separadas de la vida política; sin embargo, los druidas fueron los di­fusores de las ideas religiosas y filosóficas, lo que influyó en su pre­ponderancia política. A pesar de ser un pensamiento filosófico mal conocido, la transmisión de sus enseñanazas se realizó de forma oral, ya que no dejaron ningún testimonio escrito con sus ideas. El druis-mo no se confundió con la religión, pero a cargo de los druidas esta­ban ciertas funciones religiosas, como la recogida de muérdago (sím­bolo del antiguo culto de las plantas) y los sacrificios humanos. Sus funciones, además de las estrictamente religiosas, estaban deli­mitadas por el mundo de la brujería, la astrología o la medicina, a lo que debieron su gran influencia, además estaban exentos de ir a la guerra y actuaban como jueces. Había varias categorías: los druidas propia­mente dichos, los adivinos y sacrificadores, y los bardos o poetas. Su religión era fundamentalmente idealista, con las prohibiciones de representar figurativamente las imágenes de los dioses, o la construcción de templos. Sus miembros eran elegidos, sobre todo entre la nobleza, y obedecían a un gran sacerdote nombrado de por vida. La presencia de los druidas se mantuvo durante varios siglos en el mundo celta. El primer lugar donde desaparecieron fue la Galia, erradicados por los romanos; sin embargo, en Bretaña y en Eire, no se acabó con la figura del druida hasta la implantación del cristianis­mo, manteniéndose los bardos hasta la alta edad media.

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