Los dos Tengus

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Los dos Tengus

Hace mucho, mucho tiempo, vivían un Tengu* Azul y un Tengu Rojo en lo alto de una montaña, eran muy amigos. Llevaban más de quinientos años observando a las personas y les llamaba la atención su comportamiento.
El Tengu Rojo le dijo a su amigo: “Los hombres han cambiado mucho en todo este tiempo. Pero nosotros en cambio no hemos cambiado nada”. “¿A qué puede ser debido?”
El Tengu Azul le contestó: “Ellos construyen ciudades y desde que empiezan a discutir y a pelearse, lo destruyen todo y siempre se repite la misma historia”.
El Tengu Rojo dijo: “¡Ah, entiendo! ¿Y sí hacemos nosotros lo mismo? A lo mejor si empezamos a reñir podemos cambiar las cosas.”
A pesar que el Tengu Azul le insiste a su amigo que no es necesario llegar a ese extremo, el Tengu Rojo termina convenciendo al otro.
Pero pronto llegó el aburrimiento el uno sin el otro.
El Tengu azul, un día, vio desde lejos un castillo, pudo observar que dentro de él, una chica del servicio hacía su tarea, planchaba un hermoso “kimono” (2*). Se dijo a sí mismo: “Voy a alargar la nariz un poco más!”, alargó tanto su nariz que logró llegar hasta el castillo. La chica al confundir la nariz con un colgador, fue poniendo toda la ropa en su nariz. Pero éste llegó un momento en que ya no podía más, su nariz pesaba demasiado y tuvo que sacarla de allí precipitadamente del castillo. Una vez pasado el apuro se dio cuenta que se había quedado con toda la ropa.
Como la envidia en muy mala, llegó el Tengu Rojo, no comprendía por qué su amigo tenía esa hermosa ropa y él no. El Tengu Azul le explicó cómo la había conseguido y le dijo: “Te doy la mitad”, pero su amigo envidioso y orgulloso le contestó: “No, yo quiero la mía” y se marchó.
El Tengu rojo estaba muy envidioso. Pensó: “Yo también quiero ropas bonitas. ¡Voy a alargar la nariz hasta un castillo!”, pero se equivocó, metió su nariz hasta un castillo pero en éste entrenaban artes marciales. Ellos al percatarse de la presencia de la nariz, comenzaron a atacarla. El pobre Tengu Rojo no sabía cómo salir de allí, acortó su nariz y salió corriendo.
El Tengu Azul se encontró con el Rojo llorando y muy dolorido, le preguntó: “¿Qué te pasa?, el Tengu Rojo le contó todo lo sucedido.
El Tengu azul le dijo: “Está bien. Te doy la mitad de estas ropas bonitas. Pero no llores más.”
Y fue así como los dos se dieron cuenta de su error, se reconciliaron y vivieron en armonía para siempre.

*“Tengu” : duende que tiene la nariz larga.

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