Leyenda de la Flor del Ceibo

Leyenda de la Flor del Ceibo

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Leyenda de la Flor del Ceibo

Había en la tribu Guayaquí una indiecita que amaba su tierra natal al extremo de recorrer sola los bosques conversando con las aves, flores, y los animales que poblaban el bosque. Anahí que así se llamaba la indiecita, no era guapa tenia los rasgos toscos, pero era muy conocida por la dulzura de su voz que de continuo entonaba los cánticos propios de su raza. Cuando ella cantaba, hasta el río rumoroso parecía callar para escucharla. En las tardes de verano deleitaba a toda la gente de su tribu Guayaqui con sus canciones inspiradas en sus dioses y el amor a la tierra de la que eran dueños.

Un día, un gran pájaro de blanquisimas alas llego navegando por el río, de el bajaron los invasores, esos valientes cubiertos por metales relucientes que parecían dueños del mundo, atrevidos y aguerridos seres de piel blanca, que destruían todo lo que encontraban en su camino, que arrasaron las tribus y les arrebataron las tierras, los ídolos y su libertad.
La tribu de Anahí decidió defender la tierra nativa superando el terror que los embargaba ante aquellos monstruos desconocidos que mas que hombres parecían una creación del mismo Añangá.

Lucharon y lucharon días y semanas enteras, pero iban siendo echados poco a poco de sus bosques, ríos y sierras.

Anahí, pese a su juventud luchaba como los mas valientes. Su voz ya no cantaba mas, en lugar de eso gritaba la venganza y la guerra, y animaba a los hombres y mujeres de la tribu.
Pero un día aciago cayo prisionera junto con otros indígenas y fueron llevados al campamento español, paso muchos días llorando y muchas noches en vigilia, hasta que una noche logro quitarse las ligaduras, vio que el sueño había vencido al centinela e intento escapar, pero al hacerlo el centinela despertó, y ella para lograr su objetivo golpeo malamente al centinela, y huyo rápidamente al bosque, con tan poca fortuna que volvió a caer en manos de sus captores.
El centinela herido por Anahí murió, acusada de ser una bruja, por que nadie quería admitir, que con aquel cuerpo pequeño y esmirriado y con su juventud pudiese haber dado muerte de un golpe al soldado, y atribuyendole ayuda diabólica, fue condenada a morir en la hoguera.

La ataron a un árbol e iniciaron el fuego prendiendo los leños, el fuego parecía no querer alargar las llamas hacia la doncella, que sin murmurar palabra sufría en silencio, con la cabeza inclinada hacia un lado, hasta que las llamas comenzaron a abrazarla. Pero Anahí, en medio de las llamas en vez de gemir de dolor, comenzó a cantar una canción en la que pedía a Tupá por su tierra, por su tribu, por sus bosques, por sus ríos, por todos. Cuando el fuego comenzó a subir, Anahí se fue convirtiendo en árbol un asombroso milagro.
Su voz se elevo al cielo, y al siguiente amanecer, los soldados se encontraron ante el espectáculo de un hermoso árbol de verdes hojas relucientes y flores rojas aterciopeladas, que se mostraba en todo su esplendor, como símbolo de valentía y fortaleza ante el sufrimiento. Desde entonces se bautizo a esta flor como la Flor del Ceibo.

Leyenda de la tribu Guaraní, Argentina

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