LA REINA ESCARCHA

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LA REINA ESCARCHA

Cierta vez existió una mujer viuda que tenía dos hijas, una rubia muy bonita y trabajadora y otra morena y muy perezosa. La mujer quería más a la perezosa porque era su verdadera hija.
“A mí me adoptaron de pequeña -pensaba la otra-, y por eso mi madre adoptiva me obliga a hacer todo el trabajo”.
Un día que la muchacha rubia estaba sacando agua, se cayó al fondo del pozo.
-¡Socorro! ¡Socorro! gritó, con la esperanza de que la oyeran y corrieran a salvarla.
Al llegar al fondo del pozo, la joven se dio un golpe en la cabeza y perdió el conocimiento. Al despertar, vio que había un manzano lleno de fruto.
-Sacúdeme, por favor -rogó el manzano-. Mis manzanas ya están maduras y no puedo soportar su peso.
Después de descargar el árbol del peso de las manzanas, la joven siguió su camino hasta llegar cerca de una casita en cuya puerta estaba sentada una anciana.
-¿Quieres quedarte a vivir conmigo? -preguntó la anciana-. Necesito a alguien que me ayude.
La niña trabajó durante algún tiempo en casa de la anciana que, muy satisfecha, le dijo un día:
-Soy la reina Escarcha, que en verano me convierto en reina Rocío. Me has servido bien y quiero recompensarte.
La reina Escarcha acompañó a la muchacha hasta una puerta y, al traspasarla, empezó a caer sobre ella una lluvia de oro.
-Es la recompensa que te doy por tu generosidad y tus buenos servicios -dijo la anciana-. Al otro lado de esta puerta hay un camino que conduce a tu casa.
Cuando la muchacha de oro llegó a su casa, la mujer y su hija se quedaron muy sorprendidas.
-Yo también bajaré al fondo del pozo -dijo la joven morena-. Quiero que caiga sobre mí una lluvia de oro.
La muchacha morena descendió al fondo del pozo, dispuesta a correr la misma suerte que su hermana adoptiva. Y, mientras descendía por la cuerda, iba pensando:
“Además de la de oro, la reina Escarcha hará caer sobre mí una lluvia de esmeraldas y otra de diamantes”.
-Por favor hermosa niña -dijo el manzano-, sacude un poco mi tronco para descargarme de esta gran cantidad de manzanas.
-¡A buen sitio has ido a parar! -dijo la muchacha, burlándose del manzano y siguiendo su camino-. Yo no he venido aquí a trabajar..
Lo mismo que a la otra joven, la reina Escarcha preguntó a la recién llegada:
-¿Quieres quedarte a mi servicio?
-¿Yo? -respondió la joven-.
¡No soy una criada!
La reina Escarcha acompañó a la muchacha hasta la puerta de salida y, cuando ésta esperaba una lluvia de oro, cayó sobre ella un gran chorro de pintura negra.
-Esto es lo que te mereces -dijo la reina-, por haber sido tan perezosa.
Al regresar la muchacha a casa, su madre quiso castigarla, pero la joven rubia intercedió por ella y logró que la perdonara.
-Desde hoy, dijo la muchacha morena-, no volveré a ser perezosa. Me esforzaré en se como tú, hermanita.

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