LA PROMETIDA DEL SEÑOR

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Vivía en Noruega un señor muy rico, poseía tierras y oro en abundancia, su hacienda era extensa y sus bolsillos nunca estaban vacíos. Sin embargo este rico señor se sentía solo, pues su esposa había muerto.
Un día vio a la hija de unos de sus granjeros trabajando y la muchacha le gustó.

El hombre pensó que a la joven le agradaría ser su esposa y se dirigió a ella. La chica, tras oír la declaración del señor, le dio las gracias por su interés, pero lo rechazó con buenas palabras y continuó su trabajo.

El hombre no se dio por vencido y se encaminó a la casa del padre, pensando que quizá él sería más prudente que la hija y lo aceptaría.
El padre de la joven se sintió satisfecho con la proposición de matrimonio y convinieron los dos en mantener el secreto hasta el día de la boda, para que la hija no tuviera oportunidad de quejarse; cuando todo estuviera preparado mandaría a la muchacha a casa del señor como si fuera a hacer un encargo.

Cuando llegó el momento de la boda y todos los invitados estaban presentes, el propietario mandó a uno de sus criados a la granja en busca de lo pactado.
El joven llego a la casa de la novia y le dijo al granjero:

-Me envía mi señor a por lo que vos le habéis prometido. El hombre lo mando al campo, asegurándole que allí estaba lo que debía recoger.

Al llegar allí el criado sólo vio a la hija recogiendo el heno, se acercó a ella y le pidió lo que su padre había prometido al amo.

La joven se dio cuenta de lo que sucedía y respondió con seguridad:

– Lo que tu amo quiere es nuestra vieja yegua, ve al establo y recógela.
El criado cogió la yegua y la llevó a las caballerizas de la hacienda. Cuando su amo lo vio de vuelta le preguntó si había traído lo pactado, el joven sin sospechar nada le respondió que si.
El amo encantado mandó a sus criados a que la subieran a un dormitorio. Los criados asustados corrieron a subir a la yegua por las escaleras y la metieron en una de las habitaciones.

El amo fue mientras a buscar a las doncellas para que prepararan a la novia con el vestido y los adornos.
Cuando las mujeres vieron a la yegua en la habitación pensaron que sería una broma, riéndose mucho vistieron al animal con un traje nuevo y le colocaron las joyas; en la cabeza le pusieron una corona de mirto.
Bajaron divertidas a anunciar que todo estaba listo y el amo mandó traer a la prometida.

En ese momento, un cortejo nupcial entró llevando la yegua, cuando los invitados vieron a la extraña novia se echaron a reír, burlándose de su huésped.
El propietario de la hacienda se sintió avergonzado y muy humillado; nunca más volvió a molestar a la muchacha que lo había engañado.

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