La princesa Mojapijamas (1ª Parte)

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La princesa Mojapijamas

Eva todavía se hace pis en la cama. No se lo ha contado a nadie, porque le da vergüenza, y no es todas las noches. Hay días en que la cama esta seca, otros en que esta solo un poco mojada, y otros en los que amanece inundada, pero nadie puede explicarle por qué le ocurre todo esto.
Hasta que un día, en la guardería, la señorita les cuenta un cuento.

Erase una vez un rey, una reina y una princesa que vivían en un hermoso palacio. La princesa era una niña muy bonita, con rizos de oro. Todos la mimaban y la corte entera estaba pendiente de ella. Pero eso se acabó de golpe el día en que nació el príncipe. Desde ese momento ya casi nadie hacía caso de la princesa, y todo el mundo estaba pendiente del culito de Su Alteza el príncipe cuando ensuciaba los pañales.

La princesa no quería mucho al hermanito, Tenía celos de él. Una noche, soñó que era un bebé como el príncipe, que la mecían en la cuna, que le daban el biberón y que le hacían carantoñas. Cuando despertó, tenía la cama mojada.

¡La noticia causó sensación! La camarera lo dijo a la dama de honor; la dama de honor, al paje; el paje, al lacayo; el lacayo, al ministro: el ministro al rey, y el rey, a la reina. Todos acudieron rápidamente a la habitación de la princesa. ¡Una princesa que moja la cama! Al principio, a la princesa, le daba mucha vergüenza, pero después empezó a gustarle volver a ser el centro de atención de todo el palacio.

Hacía ya varias noches que ocurría lo mismo. La reina a estaba muy preocupada. “¿No estará enferma la princesa?” preguntó al rey. Como la princesa no dejaba de mojar las sábanas de seda, los reyes mandaron llamar al médico de la corte, pero éste no encontró ninguna enfermedad.
Entonces el rey y la reina empezaron a enfadarse con su princesa. Le daban sermones y recomendaciones y hasta le gritaban, pero de nada servía. Al final se cansaron de hablar, se resignaron y dejaron de preocuparse. También los cortesanos se acostumbraron a que su princesa mojara la cama. De vez en cuando, se oía decir a alguien: “Una princesa que se hace pis en la cama es lo nunca visto. ¡Qué vergüenza!.”

La princesa, que al principio se alegraba de llamar tanto la atención, ahora estaba cada vez más triste. Le disgustaba esa estúpida costumbre, y trataba de enmendarse, pero no podía. Un día oyó casualmente a un mozo de cuadra descarado que la llamaba “princesa Mojapijamas”. Esto ya pasaba de la raya. “Todo el palacio se burla de mí. Ya nadie dice: “Mira, ahí va la princesa Cabellos de Oro”. Ya nunca conseguiré dormir en una cama seca. Será mejor que me vaya.”

Y decidió marcharse de palacio. En realidad, esto era tontería. Pensaba con despecho: “De todos modos, mis padres quieren más al príncipe. No me echarán de menos”. Pero en esto se equivocaba. Porque, aunque el rey y la reina ya no estuvieran tanto tiempo para la princesa, la querían muchísimo.

La princesa se fue andando por el bosque hasta que ya no supo dónde estaba. Ahora se arrepentía de haberse marchado, pero ya no sabía volver a palacio. Y suspiraba: “¡Ah, cómo me gustaría oir ahora la dulce voz de la reina y la voz ronca del rey!” Cansada, se tendió en un lecho de musgo y se quedó dormida. para saber lo que le pasará a la princesa, debes tener paciencia porque, en el cuento, hay un personaje al que todavía no conoces …

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