La leyenda del tulipán

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Cuenta una leyenda que hace miles de años, vivía en la Antigua Persa un príncipe de nombre Farhad, habitando en un palacio lleno de lujos y con cientos de sirvientes a su disposición. Entre ellos, había una joven doncella llamada Shirin, la cual era dulce y muy hermosa. El hijo del rey se enamoró de ella con locura, a pesar de saber que le estaba prohibido contraer matrimonio con una chica de casta inferior.

Fue por eso que decidió retrasar el momento del matrimonio todo cuanto fuera posible, pues ya su padre lo estaba presionando para elegir una esposa entre las damas de la corte. Sin embargo, ninguna de ellas le atraía, pues todas eran presuntuosas y solo lo querían por la corona que iba a heredar.

Tampoco le apetecía escoger entre las princesas de reinos extranjeros, pues consideraba muy aburrida la vida que llevaban. En cambio, admiraba los sacrificios que hacía Shirin para servirlo, su humildad y sobre todo, que ella lo amaba por quien era, sin importarle su título o sus riquezas. Estaba seguro que, aun sin nada de esto, la muchacha lo habría seguido hasta el fin del mundo.
Así, un día, le propuso que escaparan juntos para poder llevar una vida sencilla pero llena de amor. Y ella aceptó, acordando ambos que tendrían que preparar sus cosas para la huida.

No obstante, un sirviente envidioso escuchó sus planes y fue a decírselo inmediatamente al rey.

Disgustado, el monarca ordenó que apartaran a Shirin de sus labores al servicio de su hijo e hizo correr un rumor horrible entre la servidumbre: la doncella había muerto. Cuando Farhad se extrañó de no ver a Shirin atendiéndolo como de costumbre, el mismo sirviente malintencionado lo engañó.

—¿No lo sabe usted, Su Alteza? La pobre Shirin ha muerto hace días —le mintió—, hace poco que la enterramos fuera de palacio.

Farhad lo miró con desdén, respondiendo que eso solo podía ser una sucia mentira. Él sentía que su amada aún estaba viva.

—Puede comprobarlo con cualquier persona de la servidumbre —insistió su siervo—, no han hecho otra cosa que hablar de ello durante días.

El príncipe se sintió desolado al ir a consultar con los demás sirvientes y cuando ellos le contaron lo mismo, sintió que toda esperanza moría en su corazón. Pensaba el rey que de esta manera, el joven se resignaría y elegiría a una esposa de noble cuna. Pero nada de esto ocurrió.

Atormentado, Farhad decidió quitarse la vida arrojándose desde la torre más alta del palacio. Cuando cayó, su sangre tiñó por completo los jardines, haciendo surgir una hermosa flor de color rojo: el tulipán.

Desde entonces, esta flor fue utilizada en Persia como símbolo de la pasión de los enamorados y por largos años, se cuidó celosamente, a tal grado que robarla se castigaba con la pena de muerte para los habitantes. Tiempo después, cuando su tierra fue conquistada por otros, los tulipanes se empezaron a cultivar por todo el continente, sin perder su significado.

 

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