La leyenda del canguro

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Cuenta una antigua leyenda de Australia, que cuando el canguro llegó a Australia con sus compañeros en la canoa de la Ballena, sus patas tenían todas la misma longitud. Se desplazaba sobre las cuatro patas, como lo hacen los dingos. Una generación sucedía a la anterior y aún el Canguro recorría las llanuras utilizando sus cuatro patas, como era normal.
Entonces llego el Hombre cazador, deseoso de carne, con armas amenazadoras que disparaban lanzas que podían viajar más rápido que cualquier animal de cuatro patas.
El Canguro descansaba a la sombra de un árbol cuando sus sensibles oidos recogieron el sonido de algo que se acercaba a hurtadillas. Se puso en pie y vió que era un Hombre, que el Hombre tenía un arma contra la que estaba completamente indefenso. Lo único que podía hacer era alejarse lo más rápido posible. El Canguro había observado que la criatura que le amenazaba con dicho arma sólo tenía dos patas. Se sintió confiado de que sus cuatro patas le alejarían del peligro sin dificultad.
Había subestimado a su enemigo. El Hombre resultó ser veloz y fuerte. Sus dos patas eran más largas que las del Canguro y los músculos más fuerte. Soportaron la carrera del Hombre durante horas. No importaba lo que se esforzara, el Canguro era incapaz de aumentar la distancia. Le salvó la puesta de sol y la oscuridad que cayó sobre la tierra.
Agotado por el esfuerzo, el Canguro se dejó caer sin fuerzas al suelo. Al rato levantó la cabeza. Una brillante luz apareció entre las sombras. El Hombre había encendido un fuego para calentarse en la fría noche. Con precaución, el Canguro se distanció un poco, se puso de pié y de puntillas se alejó de la reveladora luz del campamento. Para no hacer ningún ruido, se sostuvo sobre sus patas traseras y de esta manera consigió escapar.
Al cabo del rato se dió cuenta de que estaba utilizando dos patas en vez de cuatro, tal y como el Hombre había hecho durante la larga persecución. Era una sensación extraña. Experimentó más allá y se dió cuenta de que podía cubrir más terreno saltando en vez de andando o corriendo. Utilizando su cola para equilibrarse, descubrió que podía saltar más lejos, mucho más lejos de lo que el hombre cubría con sus zancadas. Fue una experiencia muy estimulante y lo ha seguido haciendo hasta el día de hoy.
Utilizada sus patas delanteras y pezuñas poco. Finalmente éstas se hicieron más cortas, mientras que sus patas delanteras se hacían más fuertes y así se han mantenido hasta nuestros días.

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