La gatita Fifí

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La gatita Fifí

Tú ya debes saber que también los animales tienen sentimientos, que están alegres o tristes, lo mismo que tú, que hacen travesuras y a veces son desobedientes, pero cuando mamá se pone seria, todos obedecen. También hay hermanos que se pelean, lo mismo que los niños, pero enseguida se ponen a dormir todos juntos. Los más juguetones son los gatitos. ¿Tú has visto cómo juegan?

A los gatos les gusta jugar a corre que te pillo, trepar, saltar y hacer equilibrios, Así aprenden a ser cazadores, lo cual es muy importante para cuando crecen. Para conseguir comida y para defenderse, necesitan las uñas. Por eso los gatos cuidan bien sus uñas y están muy orgullosos de ellas.

La gatita Minka tiene cinco gatitos: Chiqui, Runrún, Mufi, Mieu y Fifí. fifí es una gatita cariños y buena, pero muy asustadiza y nerviosa. Cuando a sus hermanos nos no les gusta una cosa, protestan con grandes maullidos, y cuando están tristes o asustados, se lo dicen enseguida a Minka, su mamá. La única que no dice ni “miau”es Fifí, que se arrima mucho a mamá, pero no dice nada. De todos modos, Fifí no tiene grandes penas, sólo pequeñeces que la inquietan, la atemorizan o la desilusionan un poco.

Por ejemplo, Fifí se asusta cuando Runrún bufa, se sobresalta cuando Mufi le mordisquea una oreja o cuando Chiqui juega con su cola, se queda un poco triste cuando Mieu prefiere irse con sus hermanos, se siente sola cuando Minka, la mamá gata, charla con los otros , y se pone nerviosa cuando tiene que aprender a cazar ratones o hacer deberes.

Un día, sin saber por qué, Fifí empezó a morderse las uñas.

– No te muerdas las uñas, le dice Minka. Los gatos necesitan las uñas. Sin unas uñas bien afiladas, un gato no es nadie.
Sus hermanos se burlan de Fifí.

– ¡Qué uñas más feas! ¡Son tan cortas que no te sirven ni para trepar a la cerca!

Pero las burlas de los hermanos y las advertencias de la madre son inútiles. A Fifí le gusta morderse las uñas, porque la tranquiliza. Pero Fifí no se muerde las uñas cuando está nerviosa y cuando esta triste sino también cuando se aburre. Y es que se ha acostumbrado a mordérselas.
Los gatos han crecido y Minka los deja andar solos. Pero les advierte que no sean atrevidos y que tengan cuidado, que en el pueblo hay perros que persiguen a los gatos.

A Fifí le gusta explorar. Olfatea una flor que huele de maravilla. Una hormiga que sale del cáliz de la flor le hace cosquilla en la nariz a Fifí. “¡Atchis!”, Fifí estornuda y asusta a una mariposa. La persigue y trata de cazarla; levanta las patas, pero la mariposa ya vuela muy alto.

Fifí no se ha dado cuenta de que está muy cerca de una granja, en la que vive Nelo, un perrazo enorme. Nelo no es malo, todo lo contrario; pero eso no lo sabe Fifí.

De repente, Nelo viene saltando por el campo, y Fifí se asusta. Sale corriendo hacia el bosque. Quiere subirse a un árbol para que no la pille Nelo. A Nelo le divierte perseguir a Fifí.
Por fin, Fifí llega al bosque. “Ahora al árbol” piensa, sin aliento. Pero ¿qué pasa? ¡Socorro! Un salto por el tronco arriba y rrrass, Fifí se resbala para abajo. Otro intento. ¡Hopla! … y, ¡pumba!, Fifí que aterriza de barriga. Como se ha comido las uñas, no puede agarrarse al tronco.
Nelo ya está delante de ella. Tiene ganas de asustar a Fifí y gruñe, amenazador. Fifí tiembla de pies a cabeza, cierra los ojos y, del miedo, se muerde las uñas.
Al ver a aquella gatita temblorosa que se muerde las uñas, Nelo a la fuerza tiene que reírse.

– ¡Qué gata más rara! Los gatos como es debido trepan a los árboles, bufan y sacan las uñas cuando los persigue un perro. Entonces es divertido perseguir gatos. Pero tú … Tú te quedas echada de bruces, temblando y mordiéndote las uñas. Tienes suerte de que yo no sea enemigo de los gatos, porque ahora podría morderte.

Entonces Fifí se atreve a abrir los ojos. Nelo mueve la cola para demostrarle que le gustaría ser amigo suyo. Pero en el leguaje de los gatos mover la cola de un lado al otro quiere decir: “Ten cuidado, no te me acerques”. Por eso Fifí no entiende enseguida el gesto amable de Nelo, levanta el lomo y da un bufido, con la esperanza de asustar a Nelo.
– ¡Ja! No me das miedo. No tienes uñas para arañarme. ¿No sería mejor ser amigos? Así podría protegerte de los otros perros hasta que te crecieran las uñas.

– Es que no me crecen. Estoy tan acostumbrada a mordérmelas que ya me las muerdo sin darme cuenta.

– ¡Malo! sin uñas largas, no eres una gata como es debido, nadie te toma en serio. Además , es peligroso. Tiene que haber un remedio. No puedo estar siempre a tu lado para protegerte…… ¡Ya lo tengo!, En lugar de morderte las uñas, chúpate el pulgar. Hummm … no. Tampoco es buena idea, porque entonces se te torcerían los dientes y se te deformaría el pulgar, y eso para un gato es tan feo como no tener uñas. No se me ocurre nada.
– Pues a mí, sí , dice una vocecita que sale del pelo de Nelo.

– ¿Quién eres tú?, preguntan Fifí y Nelo con extrañeza.

– Soy una pulga de perro

– ¿Y qué sabes tú, pesada? No haces más que saltar y picar, y yo siempre tengo que estar rascándome.

– Pues por eso, así podré ayudar a Fifí. Saltaré al pelo de Fifí y cada vez que se vaya a morder las uñas, la picaré para recordarle que tiene que parar enseguida. Cuando no se las muerda, me quedaré quieta y le contaré cuentos de perros al oído. Cuanto más tiempo esté sin morderse las uñas, más cuentos le contaré.

– Buena idea, pulguita. Encantado de que te vayas con Fifí. No hace falta que vuelvas, ya estoy cansado de rascar.
– De acuerdo, me buscaré otro perro. Aunque tú eres muy cómodo, se está muy bien en tu pelambrera larga y revuelta. Bueno, voy a saltar. Uno, dos, tres …

¡Hopla!

– ¡Eh!, Esto no vale. Ya me estás picando y ahora no me muerdo las uñas.

– Perdona. Tengo que buscarme un sitio cómodo detrás de la oreja. No volverá a ocurrir.

La pulguita se esfuerza en vigilar a Fifí, Cada vez que la pulga le pica, Fifí lo pasa muy mal, porque con sus uñas tan cortas no puede rascarse bien. Cuando Fifi no se muerde las uñas, la pulguita le cuenta unos cuentos de perros muy bonitos y divertidos en los que, naturalmente, también hay gatos. Fifí aprende muchas cosas de los cuentos, no se siente tan sola, se vuelve más valiente, ya casi nunca está nerviosa y habla con la pulga de las cosas que más le interesan. La pulga tiene que picar cada vez menos, porque Fifí ya casi nunca se muerde las uñas.
Un día Fifí se encuentra a un perro desconocido y se sube a un árbol corriendo. El perro salta …. y Fifí le da un zarpazo. El perro huye sangrando por el hocico. Minka, la madre gata, está casualmente cerca de allí.

– ¡Muy bien, Fifí! Ya eres una gata mayor y valiente. Ahora baja del árbol que el perro se ha marchado.

Hasta ese momento Fifí no se da cuenta de que está bien sujeta al árbol con sus hermosas y largas uñas.

– ¡Viva! ¡Ya soy una gata mayor! Mira qué uñas tan bonitas, pulga.

Pero la pulguita ya no la oye. Ella ya sabía que Fifí se había enmendado y no iba a seguir necesitando su ayuda, y sólo esperaba la ocasión de encontrar alojamiento en la piel de un perro. Ahora está picando al perro descarado que perseguía a Fifí, que se ha llevado no sólo un arañazo en el hocico sino, además, una pulga.
¿También tú te muerdes las uñas como Fifí? Quizá tus papás quieran ser tu pulga invisible que te ayude a dejar de morderte las uñas, con la que puedas hablar de todo lo que te pone triste o nervioso y te cuente bonitos cuentos. Si después vais anotando en un “certificado” tus éxitos, que cada día será más, eso de dejar de morderse las uñas puede ser incluso un juego interesante.

Autor: Gerlinde Ortner

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