La extraña historia de Midas

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midas-1Había una vez un rey llamado Midas que gobernaba sobre Frigia.
Midas se había hospedado durante cierto tiempo en la corte del dios Dionisos, que lo había colmado de atenciones y cumplidos. Pero el dios, queriendo recompensar al rey, le pidió que expresara un deseo y sería satisfecho inmediatamente. Entonces Midas pidió que se transformara en oro todo lo que tocara y Dionisos se lo concedió. El rey de Frigia quiso hacer inmediatamente una prueba y, acercándose a un árbol, lo tocó. El árbol se convirtió en oro; tocó una banqueta, que también se convirtió en oro. Midas, completamente entusiasmado, se puso a tocar todo lo que tenía a su alcance y, al contacto de sus manos, todo se iba convirtiendo en oro. Y de esta manera, los muros de palacio, las escaleras, los muebles y toda la regia mansión quedó convertida en un resplandor de luces de oro.
Finalmente, Midas se cansó del juego y rogó a sus criados que le trajeran de comer, pero en cuanto tocó los alimentos con sus manos … estos quedaron convertidos también en oro. Los criados le contemplaban estupefactos y sus parientes no se atrevía a acercarse a él por miedo a verse transformados en estatuas de aquel precioso metal. Midas cayó en un estado de desesperación y comenzaba a morirse de hambre. Entonces cayó en la cuenta de que la divinidad había querido castigar su codicia y rogó con lágrimas a Dionisos que le perdonara y lo volviera a convertir en un hombre normal. Dionisos se compadeció y respondió a Midas de esta manera:
“ Te perdono, ¡oh, rey!; la lección ha sido bastante severa y te ha hecho comprender que sólo males pueden sobrevenir a quienes se dejan apoderar por la fiebre del oro. Vete ¡oh, rey!, a bañarte en el rio Pactolo, que corre al fondo de tus jardines; sus aguas te purificarán y serás salvo.”
Y, por esta vez, Midas se libró del castigo de los dioses. Pero no sería siempre tan afortunado.

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