La Bella y la Bestia

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Era un mercader que tenía tres hijas, como se marchaba en un largo viaje, preguntó qué deseaban de regalo. La mayor pidió un vestido de brocado, la segunda un collar de perlas, la menor que se llamaba Bella y era dulce y bondadosa, pidió una rosa cortada con sus propias manos.
Partió el mercader a su viaje y cuando retornaba, una tormenta lo sorprendió en medio del camino. Estaba muerto de frío y cansancio, cuando vio brillar una luz en el bosque. Se dirigió hacia ella y se encontró con un castillo que tenía la puerta abierta.

Entró y llamó, pero nadie respondió. Recorrió el lugar y llegó al salón, que tenía la mesa servida y comió. Luego buscó dónde dormir y encontró una habitación pronta para el descanso. A la mañana siguiente, se despertó con el aroma de los panecillos calientes, que estaban servidos en una bandeja junto a la cama. Pero seguía sin ver a nadie.

El mercader desayunó y se dispuso a partir. Quiso agradecer la recepción, pero no encontró a nadie. Cuando se dirigió al jardín a buscar a su caballo, recordó la promesa a su hija menor y se acercó a un rosal para cortar una flor. Cuando lo hizo, apareció de repente, una horrible bestia vestida como un príncipe.

La bestia lo amenazó de muerte por su descortesía. El mercader imploró para regresar a su casa a despedirse de sus hijas, entonces la bestia le hizo una proposición.

– Irás a ver a tus hijas. Pero cuando retornes, traerás a una de ellas contigo, para que tome tu lugar.

Al llegar a su casa, el mercader relató lo ocurrido a sus hijas. Bella lo tranquilizó diciendo que haría cualquier cosa por él.

Partieron rumbo al castillo y la Bestia los aguardaba. Dejó partir al padre, como había prometido y le asignó la mejor habitación a la joven. Pidió que fuese su esposa, pero la joven contestó que tan sólo podía darle su amistad. Y se quedó viviendo en el castillo. Bestia le había regalado un espejo mágico, para que pudiera ver a su familia. Pasaban los días y la amistad de Bella y Bestia crecía.

Un día, el padre de Bella cayó muy enfermo, y temiendo su muerte, suplicó a Bestia que la dejara visitarlo. Luego de mucho negarse, Bestia aceptó, pero le impuso una condición, que regresara a los siete días.

Bella partió a ver a su padre y éste al verla se recuperó prontamente. La muchacha estaba tan feliz, que se olvidó de su promesa. Pero una noche tuvo un sueño terrible, soñó que Bestia agonizaba y que la llamaba. Bella regresó de inmediato al castillo.

Al llegar, buscó por todas partes, hasta que encontró a Bestia en el jardín, tirado sobre el césped, como muerto. Cuando lo vio, comenzó a llorar.

– ¡Por favor, no te mueras! Me casaré contigo.

Apenas terminó de hablar, cuando Bestia se convirtió en un hermoso joven.

– Una bruja me transformó en monstruo. Sólo el amor de una joven que aceptara casarse conmigo, con aquella apariencia, podría romper el hechizo.

La boda se celebró. Y en conmemoración de tal acontecimiento, sólo se cultivaron rosas en el jardín real. Y por eso, todavía se conoce el castillo como Castillo de la Rosa.

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