LA BELLA JANEY Y EL PRINCIPE SlTH

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LA BELLA JANEY Y EL PRINCIPE SlTH

Según cuenta la leyenda, Lady Janet, hija de un ahora anciano rîxs de la región deConnacht, en la verde Erín, era una hermosa joven que residía con sus padres en sucastillo de Drumooggy, en las márgenes del Lough Corrib. La princesa, quien a sus jóvenes 17 años aún no había conocido la embriaguez del amor, se dirigía, en una ocasión, a visitar a su hermana, que por ese entonces residía con su esposo, Señor de las Islas Remotas (Hébridas), cuando encontró junto a la fuente de Cauterhaugh a un sith que había sido mal herido de un flechazo en el cuello por un malvado cazador. . Inmediatamente, la hermosa joven, que era versada en las artes de la sanación y la magia blanca, cortó y retiró elastil, y dio a beber al sith una pócima que preparó con algunas hierbas recogidas en los alrededores. Una hora más tarde, Tam Lin —que tal era el nombre del sith— se había recuperado por completo, y la princesa pudo conversar extensamente con él.—Me has salvado la vida —dijo Tam Lin— y ahora te pertenezco. Estaré siempre cerca de ti, para satisfacer tus deseos y tus caprichos, aunque deba dar mi vida para ello. Solamente deberás hacer sonar esta campanilla —agregó, entregándole un pequeño dije en forma de campana— y de inmediato estaré junto a ti, te encuentres donde te encuentres.—De ninguna manera deseo que mueras por mí —respondió Lady Janet—, pero agradezco tu regalo, porque nos permitirá volver a vernos; además, me permitirá recordar por siempre nuestro encuentro, aunque sin él tampoco podría olvidarlo.Todo el resto del día y la noche pasaron juntos ambos jóvenes, y a la mañana siguiente la comitiva continuó su viaje, y Lady Janet pudo al fin completar la visita a su hermana; sin embargo, durante todo ese tiempo, la princesa se mostró ensimismada y ausente, como si su cabeza se encontrara en otro lado. —Janet —le dijo su hermana, cuatro semanas después de su arribo y pocos días antes de su partida—; hace ya tiempo que no nos vemos, pero estoy segura de que algo está inquietando esa cabecita tuya. ¿Hay algún galán por allí que haga latir tu corazón y no te corresponda, o que no se anime a declararte su amor? —le preguntó.—Lo siento, Mildred, pero ni siquiera yo sé exactamente lo que me pasa —respondió laprincesa, y a continuación le contó todos los detalles de su episodio con el sith—.
Creo que lo amo, y con él he conocido el éxtasis, pero nuestras existencias son tan dispares, que no puedo imaginarme que puedan unirse.—Cabe una posibilidad —apuntó su hermana—; no es la primera vez que la “gente pequeña” transforma a la gente en seres como ellos, ya sea por capricho o por castigarlos por alguna acción en contra de ellos.—¿Y cómo podría asegurarme de ello?—Es muy simple: ¡convócalo y pregúntaselo! —la urgió su hermana Mildred.—No me gustaría obligarlo a presentarse aquí. Haré algo mejor; volveré al lugar donde nosencontramos y lo llamaré. Días más tarde, la princesa regresó a la fuente y allí agitó la campanilla que Tam Lin le había regalado. Al instante, el sith compareció ante ella, preguntándole:—¿Puedo servirte en algo, princesa? Mi más ardiente deseo es hacer algo por ti, porque teamo y te amaré por siempre, pero nuestras aparentes diferencias físicas parecen separarnos en forma irrevocable.

—¿Por qué dices “aparentes”? Dime, ¿eres realmente un gnomo o un ser humano? Te lo pregunto porque estoy embarazada, y quiero saber si el padre de mi hijo es un sith o una persona. Siento que te amo, pero necesito saber qué eres.—Janet, verdaderamente soy un ser humano; soy el príncipe heredero del reino de Carrick, pero en cierta ocasión, mientras cazábamos en compañía de unos amigos, mi caballo cayó y, repentinamente y sin saber cómo, me vi prisionero de la reina de las hadas. Ella se enamoró de mí y, como yo no le correspondía, me transformó en un sith para que, con el tiempo, adquiriera sus costumbres y la aceptara. —¡Mi adorada Janet —continuó Tam Lin, suspirando—, si tú quisieras, podrías salvar nuestro amor!

—¿Cómo podría hacerlo? ¡Sólo dime cómo y lo haré, pues ya no podría continuar viviendo sin ti!—Mañana, en la noche de Samhain, ve al cruce de este camino con el que conduce a Derrinkee, y espera junto a la fuente de Counternaugh a que yo pase en el cortejo de la reina, montado en un caballo blanco, vestido con una armadura blanca y con el pelo cubriéndome el rostro. También llevaré un guante en la mano izquierda, y la derecha desnuda. Si puedes detener el caballo y me abrazas para ayudarme a bajar de él, quedaré libre. Sin embargo, te advierto que, mientras me sostengas en tus brazos, primero me convertiré en una salamandra, luego en una serpiente y, finalmente, en una pantera; pero, descuida, ninguno de ellos te herirá. Luego me convertiré en un hierro candente que sí te quemará la mano, y al cual deberás arrojar al agua; procura tener una manta a mano para taparme cuando salga de la fuente, para que la reina de las hadas no me reconozca. Deseosa de recuperar a Tam Lin, Lady Janet se apostó junto a la fuente y, al día siguiente, cumplió al pie de la letra sus instrucciones. Entonces, el joven gnomo recuperó su estatura y porte original, convirtiéndose en un esbelto príncipe que, a pesar de la maldición proferida por la reinade las hadas, compartió, de allí en más, la vida de la princesa, y se convirtió, a su debido tiempo, en el Señor de Connacht, gobernando con justicia y equidad los dos reinos que habían unificado con sus esponsales.

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