El Sembrador de Dátiles

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El sembrador de Dátiles

En un oasis escondido entre los más lejanos paisajes del desierto, se encontraba el viejo Eliahu de rodillas, al costado de algunas palmeras datileras, transpirando, cavando en la arena.

Un vecino suyo, un acaudalado mercader, lo saludó y le preguntó qué estaba haciendo a los rayos del sol.

El viejo, contestó: siembro dátiles.

El mercader pensó que el calor le había dañado el cerebro y le planteó:

– ¿Cuántos años tienes?

– El viejo dijo: setenta, creo…

– Mira amigo, los datileros tardan más de cincuenta años en crecer, y después de ser palmeras adultas, recién dan frutos. No creo que vivas para cosechar algo de lo que hoy siembras. Deja eso y ven conmigo.

– Mira Hkim (mercader), yo comí dátiles que otro sembró, otro que tampoco soñó con probar esos dátiles. Yo siembro hoy para que otros puedan comer mañana los dátiles que hoy planto…. y, aunque sea en honor de aquel desconocido, vale la pena terminar mi tarea.

– Me has dado una lección, Eliahu, déjame que te pague con una bolsa de monedas, esta enseñanza que hoy me diste.

– Te agradezco tus monedas, amigo. Ya ves, a veces, pasa ésto: tú me pronosticabas que no llegaría a cosechar lo que sembrara. Parecía cierto, y sin embargo, mira, todavía no termino de sembrar, y ya coseché una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo.

– Tu sabiduría me asombra, anciano. Esta es la segunda gran lección que me das hoy, y quizá, es más importante que la primera. Déjame pues, que te pague también esta lección con otra bolsa de monedas.

– Y a veces, pasa esto -siguió el anciano- y extendió la mano mirando las dos bolsas de monedas: sembré para no cosechar y antes de terminar de sembrar, ya coseché dos veces.
– Ya basta, viejo, no sigas hablando. Si sigues enseñándome cosas, tengo miedo que no me alcance toda mi fortuna para pagarte….

Autor: Jorge Bucay

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