El loro sin memoria

El loro sin memoria

Publicada en Publicada en CUENTOS, Europa

El loro sin memoria

 

Víctor era un niño un poco tímido al que le daba miedo hablar delante de la gente. Fuera del colegio no tenía amigos, aunque él soñaba con tener un grupo de amigos con los que jugar y pasarlo bien, sobretodo en verano.
Un día paseaba solo por la calle y hacía muchísimo calor, así que se sentó a descansar bajo la sombra de un árbol. De pronto, escuchó un leve quejido y miró arriba. No podía creer lo que veía. Era un pequeño loro, muy bonito y con muchos colores. Pero tenía muy mal aspecto. Parecía que llevaba bastante tiempo perdido y tenía mucha sed.
Apenas se sostenía sobre la rama de aquel árbol, así que no fue difícil cogerlo.
Víctor se llevó al loro corriendo a casa y le dio agua y algo de comida. El lorito revivió enseguida nada más beber agua.
En poco tiempo se hicieron muy amigos y Víctor encontró alguien con quien hablar. Le contaba muchas cosas, así que el loro pronto comenzó a aprender y repetir las palabras que escuchaba.
Pero, el lorito tenía un problema y es que tenía muy poca memoria. Si alguien decía algo, él sólo recordaba la primera palabra y la última. Y ocurrió que una mañana la mamá de Víctor dijo: “Péinate con cuidado Víctor, o te quedarás calvo”. Poco después, el papá de Víctor pasó cerca del loro y éste le dijo: “Péinate calvo.” El papá se enfadó con el lorito, porque creyó que se burlaba de su problema de calvicie.
Otro día, mamá le dijo a Víctor: “Cuidado con esa silla que está muy vieja”. Luego pasó cerca del lorito la abuelita de Víctor y el loro dijo: “Cuidado vieja”. La abuelita también se enfadó con el loro porque no le gustaba que la llamaran vieja y porque al decirle “cuidado”, la abuelita se asustó y casi se cae.
Al día siguiente, el papá de Víctor revisaba las facturas de la casa y dijo:”¡Qué caro está todo! Llegaremos a fin de mes por los pelos.” La hermana mayor de Víctor, muy coqueta, pasó cerca del loro. Había pasado horas peinándose para estar muy guapa para un baile, cuando el lorito le dijo: “¡Qué pelos!” La hermana de Víctor se enfadó mucho con el loro por decir eso de su peinado y se fue a peinarse otra vez.
Otro día, después de encontrarse con el perro de la vecina, la mamá de Víctor dijo:”Qué perro más sucio. Seguro que tiene alguna pulga.” Pasó entonces por ahí la hermana pequeña de Víctor, que estaba muy contenta porque mamá le había dicho que estaba creciendo mucho. El lorito le dijo: “Qué pulga.” La hermanita de Víctor se enfadó también con el loro.
Como todos se enfadaban, pronto le pusieron de nombre Bocazas. Víctor era el único que entendía y quería a Bocazas. Como en casa todos se enfadaban con él, Víctor comenzó a sacarlo a pasear.
Un día fueron al parque y unos niños estaban jugando al fútbol. A Víctor le apetecía mucho jugar con ellos al fútbol, pero como era muy tímido prefirió marcharse diciéndole a Bocazas: “Eres un loro y no puedo jugar al fútbol contigo. Además, yo soy muy torpe.” Entonces, Bocazas gritó: “Eres torpe.”
El niño que tenía el balón en ese momento creyó que el loro le decía a él y todos los demás niños se empezaron a reír.
Víctor pensó que por culpa de la poca memoria de Bocazas, ahora se había metido en un lío con esos niños. Pero no fue así, porque el niño que llevaba el balón también comenzó a reírse a carcajadas por lo que le había dicho el loro.
A esos niños, al igual que a Víctor, Bocazas les parecía un loro de lo más gracioso y simpático.
Víctor y los niños se hicieron muy amigos gracias a Bocazas, que le ayudó a vencer su timidez y le dio confianza para ser él mismo. Y Bocazas encontró unos amigos que se reían mucho y sabían aceptar las bromas y reírse de sí mismos de vez en cuando.

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