Dick y Rick Hoyt

Dick y Rick Hoyt

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Esta es la historia de Dick y Rick Hoyt, padre e hijo estadounidenses que en base al amor, rompieron todas las barreras llevándo los límites humanos todavía más allá de lo que la capacidad del asombro puede creer.
El Equipo Hoyt son un padre (Dick Hoyt) e hijo (Rick Hoyt, nacido en 1962) en Massachusetts que compiten juntos en maratones, triatlones y otros desafíos físicos. Rick tiene una discapacidad adquirida al momento de nacer por falta de oxígeno a su cerebro ya que su cordón umbilical se enredó alrededor de su cuello lo que le originó una parálisis cerebral. Dick lo lleva en una silla especial acoplada al frente de su bicicleta, lo arrastra en un bote especial cuando ellos nadan y lo empuja en una silla de ruedas adaptada cuando ellos corren.
Gracias a sus padres, que ignoraron el diagnóstico de los médicos que indicaron que el se mantendría en un estado vegetal persistente y a los ingenieros de la Universidad Tufts, que reconocieron que su sentido del humor indicaba inteligencia, a la edad de 12, Rick fue capaz de aprender a usar una computadora especial para comunicarse, usando movimientos de su cabeza. Las primeras palabras que él logró escribir fueron “Vamos Bruins!”, es entonces que la familia comprendió que era un fanático de los deportes.

Ellos entraron a su primera carrera en 1977, una carrera benéfica de 5 millas para un jugador de lacrosse lesionado que fue compañero de escuela de Rick.

Dick es un Teniente Coronel retirado de la Fuerza Armada de los Estados Unidos en la Guardia Nacional Aérea. Rick logro un Grado académico de la Universidad de Boston en Educación especial y ahora trabaja en el Colegio de Boston. Ellos continúan compitiendo en carreras y además, son Oradores motivacionales.
Hasta junio del 2005, el Equipo Hoyt participó en un total de 911 eventos, incluyendo 206 Triatlones (6 de los cuales fueron competiciones Ironman), 20 Duatlones y 64 Maratones, incluyendo 24 Maratones de Boston consecutivas. Ellos además han manejado bicicleta y corrido a lo largo de los Estados Unidos en 1992, una jornada de 3,735 millas que les tomo 45 días.

Durante los últimos 20 años, Dick, de 65 años, ha empujado y jalado a su hijo por todo el país, pasando sobre cientas líneas de meta. Cuando Dick corre, Rick está en una silla de ruedas que Dick va empujando. Cuando Dick va en bicicleta, Rick están en un asiento especial sujeto al frente de la misma. Cuando Dick nada, Rick está en una pequeña pero pesada balsa, estabilizada firmemente, que es jalada por Dick.

En 1975, Rick fue finalmente admitido en una escuela pública. Dos años después, le dijo a su padre que quería participar en una carrera benéfica de 5 milllas para un jugador de lacross local que se habia quedado paralítico en un accidente. Dick, quien definitivamente no era un corredor de distancias, aceptó empujar a Rick en su silla de ruedas. Terminaron al lado del último, pero sintieron que habían logrado un triunfo. Esa noche, Dick recuerda: “Rick nos dijo que no se había sentido como un discapacitado mientras competía”.

Este descubrimiento de Rick se transformó en un nuevo horizonte abierto para él y su familia, y así el “Equipo Hoyt” empezó a competir en más y más eventos. Rick me habló sobre el proceso de transformación utilizando su ya familiar, pero dolorosa, técnica de seleccionar letras del alfabeto
“Lo que quiero decir cuando digo que no me siento discapacitado cuando compito es que soy como cualquier otro atleta, y creo que muchos otros atletas se sienten de la misma manera. Al inicio nadie me hablaba. Sin embargo, después de unas cuantas carreras, algunos atletas se me acercaban y empezaban a hablarme. Durante los primeros días, un corredor, Pete Wisnewski, hacía una apuesta conmigo en cada carrera sobre quien de los dos ganaría. El perdedor colgaría el número del ganador en su cuarto hasta la siguiente carrera. Ahora muchos atletas se me acercan antes de las carreras o triatlones para desearme suerte”

Es difícil imaginar la resistencia que encontraron los Hoyt al inicio, pero la actitud cambió cuando entraron a la Maratón de Boston en 1981, y terminaron en el primer cuarto del campo. “Nadie quería a Rick en una carrera de caminos. Todos nos miraban, nadie nos hablaba, nadie quería tener nada que ver con nosotros. Pero no los culpaba, la gente normalmente no está educada, y nunca habían visto nadie como nosotros. Sin embargo, con el paso del tiempo, se dieron cuenta de que era una persona como cualquier otra. Además, él tiene un gran sentido del humor.”

Después de 4 años de maratones, el equipo Hoyt intentó su primera triatlón, por lo que Dick tuvo que aprender a nadar. “Me hundí como piedra al inicio”, recuerda Dick sonriendo, “y no me había subido a una bicicleta desde que tenía 6 años.”

Con una bicicleta adaptada para cargar a Rick en el frente, y un bote atado a la cintura de Dick mientras nadaba, los Hoyt llegaron segundos – en la competición que se llevó a cabo el día del Padre en 1985. “Ese fue mi regalo de Día del Padre de Rick”, dice Dick
Desde esos días continúan compitiendo, en casa y en el extranjero. Generalmente tratan de mejorar sus tiempos de llegada. “Rick es el que me inspira y motiva por la manera en que ama competir y los deportes”.

Rick contesta diciendo: “Mi padre es mi modelo a seguir. Una vez que se decide a hacer algo, hace lo posible por lograrlo, no importa que sea. Por ejemplo, cuando decidimos participar en un triatlón, papá entrenó, hasta 5 horas al día, 5 veces a la semana, incluso cuando estaba trabajando”.

Claro que no todos los obstáculos han desaparecido para los Hoyt. A Dick aún le “molesta” cuando la gente se incomoda porque Rick no puede controlar completamente su lengua cuando come. “En los restaurantes, mayormente la gente mayor, se retiran cuando ven la comida de Rick salir por su boca, o se cambian de mesa. Pero debo decir que ese tipo de intolerancia está siendo vencida gradualmente”.

Otros logros de Dick, además de los deportivos, incluyen su ingreso a la Universidad de Boston, de donde se graduó en 1993 con un grado en educación especial. A eso le siguió, unas semanas después, el ingreso a otra maratón en Boston. “El día de la maratón de Boston, en el camino había gente con letreros que decían: Felicidades por tu graduación!!!”

Dick obtuvo algo más de todo esto también. Hace 2 años sufrió un ataque al corazón, no muy severo, durante una carrera. Los médicos encontraron que una de sus arterias estaba 95% obstruida. “Si no hubieras estado en tan excelente forma,” le dijo uno de los Médicos que lo atendía, “probablemente hubieras muerto hace 15 años.” Entonces, de alguna manera, Dick y Rick se salvaron uno al otro.

Rick, quien tiene su propio apartamento, y trabaja en Boston, y Dick, retirado y que vive en Holland, Mass., siempre encuentran la manera de encontrarse y estar juntos. Dan charlas y conferencias por todo el país y compiten en una que otra carrera los fines de semana, incluyendo por supuesto, este día del padre. Esa noche, Rick le obsequió a su padre la cena, pero lo que realmente quería darle era un regalo que nunca podrá comprar. La cosa que más quiero en el mundo ”Es que mi padre Se siente en mi silla y que yo lo empuje aunque sea una vez…”

 

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Rick a pesar de sus problemas, no se rindió nunca por su discapacidad a la hora de cumplir su sueño deportivo, sus padres  tampoco se dieron por vencidos. 

Ojalá esta historia sirva de ejemplo a seguir a muchas personas.

 

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