Alberto y su osito

Publicada en Publicada en POESÍAS+, Relatos para pensar

niño

No te vayas, quédate! dice Alberto llorando. No quiero quedarme en la guardería. Mamá trata de consolarlo: Enseguida vengo a buscarte. Aquí hay juguetes muy bonitos y muchos niños. No llores. Es más divertido estar aquí que en casa.
Pero Alberto se queda sentado en un rincón, llorando. Cuando mamá vuelve a buscarlo, no ha jugado. Al día siguiente, ya empieza a llorar antes de salir de casa y no lo deja durante todo el camino.
Alberto no sabe lo bien que se pasa en la guardería y cómo les gusta a los otros niños. Como siempre está llorando, no ve que en un rincón hay una cocina de muñecas, que también hay un juego de construcción con piezas grandes y pequeñas, rojas, amarillas, verdes y azules, rompecabezas de madera, coches de carreras, camiones, lápices de colores, libros de cuentos y muchas cosas más. No ve cómo se divierten los otros niños jugando ni oye los cuentos que cuenta la señorita.
Cuando llega otra vez a casa, Alberto quiere jugar con su osito. Pero el osito tiene la cara muy triste y gruñe: Déjame, estoy aburrido. Siempre juegas a lo mismo. No sabes juegos divertidos. Alberto se enfada con su osito y piensa: No importa, jugaré con las piezas de construcción Pero las piezas de construcción no se están quietas y se caen a cada momento. Tampoco quieren jugar con Alberto. Entonces saca los lápices, para dibujar. Pero tampoco le sale bien el dibujo. Los lápices se le escurren entre los dedos y no puede ni hacer garabatos. Bueno, jugaré con los coches. Brmmm, hacen los coches, pero las ruedas no giran. Miraré el programa infantil de la tele. Ssssch, sisea el televisor, y no salen imágenes. Alberto va de un lado a otro sin saber qué hacer. Pediré a mamá que me cuente un cuento. Pero mamá tiene mucho trabajo y no puede ocuparse de él.
Mamá tiene que salir a comprar, y Alberto, que está muy, pero que muy aburrido, la acompaña. Camino de la tienda, encuentra a Julia, que hace meses que va a la guardería.
¿Por qué pones esa cara de enfadado? pregunta Julia a Alberto.
Estoy aburrido, no puedo jugar.
¿Eh? ¿No tienes juguetes?
Sí que tengo contesta Alberto tímidamente. Pero no quieren jugar conmigo.
¿Y eso por qué? No lo entiendo. A mí no podría pasarme eso. Como voy a la guardería… dice Julia muy satisfecha.
No me gusta la guardería dice Alberto, enfurruñado. Yo prefiero quedarme en casa.
Qué tonto. Allí hay juegos muy bonitos. ¿Conoces el juego de la gallinita ciega, el materile, al pasar la barca?
No. ¿Se puede jugar en casa a esas cosas?
¡Ja, ja, ja! Claro que no. Eso es lo bueno de la guardería, que puedes jugar a muchas cosas. ¿Sabes qué podemos hacer? Un día ven a verme allí, pero eso sí, sin llorar. Si no te gusta, puedes marcharte a tu casa.
Al día siguiente, con su osito debajo del brazo, Alberto hace una visita a Julia en la guardería. Mamá se queda fuera, esperando. Así a él no le da miedo entrar. Siente curiosidad. Cuando ve todos los juguetes que hay en la clase, se queda con la boca abierta. El otro día las lágrimas no le dejaban ver nada. Los niños empiezan a hacer monigotes muy divertidos pegando retales de tela en unas hojas.
Ven a hacer muñecos le dice Julia. Cuando terminemos, la señorita nos contará un cuento.
Como Alberto sólo ha ido de visita, no tiene tiempo para tanto. Mamá no puede estar esperando mucho rato.
Lástima dice Alberto al osito en voz baja. Me habría gustado quedarme.
El osito contesta que sí con un gruñido.
En casa, Alberto piensa en aquella señorita tan simpática y en los niños. ¿A qué puede jugar él ahora con su osito? No ha tenido tiempo de aprender juegos nuevos. El osito está desilusionado y se va a su cajón, muy serio. Alberto le promete:
Mañana me quedaré más rato y así podré enseñarte juegos nuevos.
Y al día siguiente Alberto hasta dice a mamá que se marche. Sabe que volverá a buscarlo.
No vengas antes de una hora. La señorita ha dicho que podríamos disfrazarnos. A mí me gustaría mucho.
La señorita viene con un montón de papeles de periódico, cintas de colores y trozos de visillos de encaje. Julia dice:
Con los visillos me haré un vestido de princesa.
¿Y tú, Alberto? pregunta la señorita sonriendo. ¿Tú qué harás?
Con papel de periódico, un gorro de pico para mí y otro para mi oso. Y con la cinta roja, corbatas.
Todos los niños se ponen a trabajar afanosamente en su disfraz. Alberto casi ha terminado. Pero entonces llega su madre a buscarlo.
Deja que me quede hasta que se vayan los otros niños. Me gusta estar en la guardería. Quiero venir todos los días.
Mamá está muy contenta de que Alberto sea tan juicioso y le deja seguir jugando.
Al volver a casa, Alberto juega otra vez a disfrazarse con el osito. Está muy atareado toda la tarde haciendo disfraces y más disfraces. Ha vestido al osito de Caperucita Roja, de mago, de hada, de rey y, finalmente, de payaso. Cansado y contento, lo acuesta con su gorro de payaso.
Al día siguiente, en la guardería juegan a las carreras. El osito no puede ir, pero no le importa, porque sabe que de ahora en adelante Alberto podrá enseñarle juegos nuevos. Y se queda esperándolo con ilusión. El osito y los demás juguetes se alegran de que Alberto esté aprendiendo tantas cosas.

Deja un comentario